Para los Indios Norteamericanos montar a caballo era una habilidad necesaria que requería un equipo básico y aunque a menudo utilizaban monturas western o McClellans obtenidas a través de saqueos y enfrentamientos con el ejército, también eran capaces de fabricar sus propias monturas, que eran una réplica casi exacta de las utiliazadas por los jinetes escitas de las estepas rusas.
Las mujeres nativo norteamericanas utilizaban una montura de altos borrenes hechos con astas de ciervo, mientras que las barras que se apoyaban en el lomo del caballo eran de madera y recubrían el conjunto de las astas y la madera con rawhide (cuero crudo). No eran unas monturas muy cómodas pues solo podían utilizarse sobre un terreno llano y al paso.
Los hombres utilizaban un tipo de montura parecida, pero con los borrenes más bajos, hechos con la madera de un árbol cuyo tronco tuviera forma de "y" invertida. No obstante, preferían utilizar el llamado "pad", una especie de sudadero hecho con una piel fina o una lona que se rellenaba con hojas o hierba seca, lo que le aportaba un mayor confort. Les gustaba adornarlos con chaquiras, que eran pequeños abalorios que los colonos españoles intercambiaban con los indios.
En ocasiones, utilizaban a modo de pad mantas o pieles de animales como la de bisonte, puma o lobo, que se ajustaban al caballo mediante un cinchuelo.
Tanto el pad como las mantas o las pieles permitían un estrecho contacto entre el jinete y el caballo.
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